El poder del cine

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ADRIANA MALVIDO

06/03/14 1:28 AM

Cuando la política, la diplomacia, la lucha de organismos internacionales o el derecho resultan insuficientes, entonces la voz del arte emerge con fuerza para tocar las fibras sensibles que dan lugar a la empatía, a la conciencia y, tal vez, a la solidaridad.

Así, el lenguaje poderoso del cine ha sensibilizado a millones acerca de episodios de la humanidad que no deberían repetirse nunca, como el Holocausto, el genocidio en Ruanda, el de la ex Yugoslavia o las atrocidades de las dictaduras militares en América Latina… La reciente cinta de Steve McQueen, 12 años esclavo, pertenece al género de películas que llevan a preguntarnos cómo pudo ser, cómo lo permitió la humanidad. Y sin embargo, 200 años después, en pleno siglo XXI, la esclavitud sucede a la vista de todo el mundo.

Sucede en un gran país cuyo gobierno castiga la libertad de pensamiento y de expresión, donde internet es censurado, donde un premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, está en la cárcel junto a 40 escritores y periodistas, donde su principal artista plástico, Ai Wei Wei, vive en arresto domiciliario y donde 70 millones de practicantes de falun gong son perseguidos, cientos de miles encarcelados y torturados, por ejercer una meditación espiritual pacífica. Ésta se popularizó en los años 90 y el Partido Comunista Chino la toleró hasta que el número de practicantes rebasó al de la militancia y el gobierno, temeroso de perder el control, la prohibió en 1999.

Ante el poder económico de la potencia asiática y sus lazos comerciales, ni los llamados de la ONU, del Parlamento europeo, de la jurisdicción internacional, de premios Nobel como Desmond Tutu ni los informes sobre derechos humanos han podido impedir la existencia de campos de trabajos forzados en China (llámense también cárceles o psiquiátricos), donde los presos laboran en condiciones de esclavitud en la producción masiva de artículos que consumimos en todo el mundo. O para detener las torturas y lavados de cerebro a presos de conciencia. Y terminar con la sustracción forzada de órganos a practicantes de falun gong, que abastece un negocio multimillonario de trasplantes, como lo demostró, desde 2006, la muy seria investigación de los canadienses David Kilgour y David Matas.

En ese contexto, China libre: el coraje de creer, el galardonado documental de Michael Perlman, empieza a difundirse en México. En la pantalla, una mujer y un hombre narran su experiencia en los campos de trabajo, las torturas físicas y mentales que sufrieron y la fuerza interior que los hizo resistir para defender la verdad: Jennifer Zeng, maestra en ciencias geoquímicas por la Universidad de Pekín, ex miembro del PC, autora del libro Testigo de la historiaLa lucha de una mujer por la libertady por Falun Gong, y Charles Lee, médico radicado en Nueva York. Además, hablan abogados, doctores y congresistas

(www.chinalibrelapelicula.com).

La cinta, a diferencia de 12 años esclavo, no solo describe el horror, sino que agita la esperanza, porque, sin ser religiosa, invita a creer en la ética y la belleza de seres humanos que dan la batalla contra la indiferencia. Y en eso radica su poder.

adriana.neneka@gmail.com 

Fuente: www.milenio.com

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